Querida Samantha:
¡Tu padre nos ha encontrado! Esta mañana estaba en el trabajo colocando unos libros cuando la campanilla de la entrada me avisó de que alguien había entrado en la pequeña librería.
-Un segundo, por favor. En seguida le atiendo - grité desde lo alto de la escalera.
Respiré hondo y terminé de colocar los libros con cuidado. No debería estar subida a una escalera estando embarazada, pero mi jefa no aun no lo sabe y, aunque tarde o temprano será evidente, me da miedo que me despida cuando se entere.
Un escalofrío recorrió mi espalda cuando sentí a alguien detrás de mi. Me giré despacio y unos profundos ojos negros me dejaron sin respiración. ¡Era tu padre! ¿Qué diablos hacía aquí? Me puse tan nerviosa al verlo frente a mi que perdí el equilibrio y me caí de la escalera. En un intento por protegerte, rodeé mis brazos alrededor de mi vientre y recé para que el golpe no te hiciera daño, pero cuando el impacto era inminente, unos brazos firmes me cogieron con fuerza y me dejaron lentamente en el suelo.
Con los ojos aún cerrados me recreé en la sensación que me producían sus manos en mi cintura. Sentí el calor que desprendía a través de la ropa e irremediablemente esa atracción que nos había llevado hasta aquí surgió más fuerte que nunca. Abrí los ojos y vi que me miraba fijamente. Recorrió mi cuerpo con la mirada, devorándome y, cuando llegó a mi vientre, abrió los ojos con sorpresa. Estaba de casi cuatro meses y él, que conocía mi cuerpo mejor que yo misma, notó aquel pequeño cambio con tan solo una mirada.
Vi como se debatía en su interior, reordenando sus pensamientos y aproveché el momento para hablar.
-No deberías estar aquí, Dane. Me marché, ¿acaso eso no te dice nada? Creo que quedó bastante claro que...
-¿Estás embarazada? - me interrumpió. Tenía los ojos muy abiertos y parecía enfadado. Negarlo era inútil así que asentí despacio.-¿Por eso te marchaste?
Podía sentir su ira creciendo dentro de él y me aterró la idea de que pudiera armar un escándalo en mi trabajo, así que intenté razonar con él.
-Dane, por favor, aquí no - dije en un susurro - Salgo a las diez, vuelve entonces y hablaremos de lo que tu quieras. Pero por favor, aquí no. Necesito este trabajo.
-No lo necesitarías si te hubieras quedado conmigo - dijo bruscamente - ¡Maldita sea, Abba! ¿Te haces una idea del pánico que sentí cuando llegué a casa y tu no estabas? ¿En qué demonios estabas pensando?
-He dicho que aquí no - dije levantando la voz, nerviosa - Vete ahora mismo si no quieres que llame a la policía.
De pronto, el estómago me dio un vuelco y me sentí mareada. Respiré hondo mientras me sentaba en un peldaño de la escalera, intentando no vomitar.
-Abba, ¿estás bien? Te has puesto pálida. Necesitas un médico -dijo sacando su teléfono del bolsillo.
-Lo que necesito es que te vayas de una vez, Dane. ¿Tan difícil es de entender? - dije con la voz débil.
Debió de ver algo en mi mirada que lo hizo reaccionar porque se incorporó y sin decir ni una palabra se dirigió a la puerta. Me quedé sentada unos minutos, con los ojos cerrados, intentando recomponerme. Cuando abrí los ojos, él estaba frente a mi de nuevo. Iba a decirle que se largara de una vez pero alargó la mano y me pasó una botellín de agua.
-Bebe - dijo muy serio - Hará que te sientas mejor. Volveré a las diez y entonces hablaremos.
Asentí levemente y el, observándome unos segundos, se dio la vuelta y se marchó de la tienda. Solo cuando oí las campanillas pude respirar tranquila de nuevo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
¡No olviden dejar sus comentarios! Me encanta saber su opinión. Gracias por leer :-)